viernes, 25 de octubre de 2013

Tengo una vida tan hermosa que cuando es una mierda es una mierda bien blanda. 
Enamorarse es una mierda hermosa. Es hermoso. Y es una caca a la vez. Es lo que te hace más feliz en el mundo y a la vez lo que te hace doler más. Porque a esta altura de la vida las pequeñas cosas me malhumoran y en un breve lapso de tiempo pasan, pero las cosas del amor no te malhumoran, te duelen, y te sangran por los ojos con lágrimas y cuando lo plasmas en palabras más sigue sangrando y luego, pasa el tiempo y se arreglan con curitas pero dejan marquitas. Y uno pone sus energías en cambiar, y lo está logrando y todo sigue igual. Antes porque no expresaba con palabras las cosas o tardaba mil años, ahora que aprendí a hacerlo porque digo algo y se torna para el enojo. Nunca voy a entender, a este paso, que es lo que tengo que hacer. Creo que la opción de callarme y fumarme solita las cosas es la mejor, porque aunque las cosas hay que hablarlas, si hablarlas son para sangrar, paso.
Y el no está, y se fue, se fue a escuchar música. Se fue con el otro a hablar de garches, culos, las minitas de la facu que estan re buenas, porque faltan contar las de la escuela y las del barrio y las del kimberley y por qué no seguro alguna de este barrio. Y es así, los ojos están para  mirar y la boca para hablar y seguro las otras saben expresarse de otra manera, saben dar besos sorpresa, son más inteligentes, cultas, leen a Nietzsche, y saben sobre cine ruso y música clásica y jazz. Y sobre todo tienen un buen culo que no está caido. En fin, parece que yo soy lo que hay.
Me siento mal, estoy triste, no tengo ganas de hacer mis deberes, no tengo ganas ni de hacer pis. No tengo más ganas de llorar, no tengo ganas de nada. Quiero dormirme y no despertarme en días. Y menos el sábado a las ocho de la mañana para que me vaya como el orto, como me está yendo en todo basicamente.
 

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Como un preso libertad, te necesito